Reflexión de: Intercambios
culturales en Estados Unidos
Tucson
Samaritanos
Facilitador:
Paul Moreno
Estudiante:
Martín Gálvez
El viernes 25 de abril de 2014 es
un día que tengo presente cómo uno de los más sorprendentes en mi vida. Este
día lo recuerdo por la visita a la línea fronteriza de los Estados Unidos de
América entre los estados de Arizona y
Sonora, México. El punto al que llegamos se llama Sásabe, Arizona y es un
Puerto de entrada a la Unión Americana desde Sásabe, Sonora en México.
Al llegar a este lugar mi primera
impresión es ver un muro metálico de aproximadamente seis metros de altura,
compuesto de tubos cilíndricos de 25 centímetros de diametro con separaciones
de veinte centímetros uno a uno y delimita una parte de la frontera sur entre
Estados Unidos de América y México.
El solo hecho de estar frente al
muro me provoca una sensación de impotencia por tener que permanecer en terreno
norteamericano y saber que frente a mí tengo terreno mexicano que no me está
permitido pasar ni siquiera legalmente por la puerta de cruce de inmigración.
Los trámites reglamentarios para permanecer estudiando en una universidad
Estadounidense me ponen de este lado y aún añorando pisar terreno mexicano me
quedo con un sabor de boca que me entristece por sentirme controlado,
manipulado y dirigido por un rumbo preestablecido por dos gobiernos nacionales,
México y Los Estados Unidos de América.
Cuando miré un mural representativo
del puerto de entrada observé el arreo de ganado vacuno cruzando de Sonora para
Arizona, aves, vegetación característica del lugar y sorprendentemente no hay
ninguna persona en ese mural. Eso me hace pensar que hay discriminación para la
población civil, tanto norteamericana cómo mexicana, al establecer un orden
para permanecer a cada lado del muro, controlando no solo el flujo de
individuos hacia ambos lados de la frontera, sino metafóricamente hablando,
regula mis deseos y mi pensar, siento que alguien decide por mi y ahoga mis
emociones.
Recorriendo las instalaciones y con
la información proporcionada por un oficial, dentro de lo permitido legalmente
en el lugar, establezco conjeturas de ver como cada gobierno, norteamericano y
mexicano se confabulan para anteponer los tratos comerciales de ambos lados,
como situación preponderante. Se puede cruzar la línea fronteriza mostrando
identificaciones oficiales personales, previamente otorgadas bajo un estricto
control por cada gobierno, que muestren
en tiempo y forma cuándo y por qué puedo realizar el cruce fronterizo, según la
situación que se esté dando en cada país.
Recorrer veredas en una zona
agreste, desértica, como lo es este lugar denominado “Desierto de Sonora -
Arizona” me permite comprobar lo difícil que debe ser para un inmigrante
ilegal, realizar un cruce a pie. La zona tiene solo plantas de muy baja altura
que muy difícilmente cubren de los rayos del sol con temperaturas arriba de los
40 grados. Solo encuentro agua en dos lugares específicos y son donde el grupo
de”Samaritanos of Tucson” coloca garrafones con agua para quienes tengan suerte
de encontrarlos. Hay evidencias, que permiten suponer, que personas vacían este
vital líquido, para evitar su consumo y dificultar la caminata entre en cruce
de entrada a la Unión Americana y las poblaciones cercanas.
Cada vez que recuerdo esta
experiencia, mis sentimientos son de tristeza, impotencia y
coraje porque es poco lo que yo
puedo hacer para ayudar a personas migrantes. Mi consuelo solo queda en reflexionar
sobre mi práctica docente iniciando trabajos de proyectos educativos que
informen, orienten y favorezcan la vida de personas indígenas migrantes que
visitan el Estado de Sonora para trabajar en temporadas agrícolas y tienen
intención de continuar su recorrido a los Estados Unidos.
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