sábado, 9 de agosto de 2014

Paul Moreno Project Seed Intercambios culturales en Estados Unidos, Tucson Samaritanos.


Reflexión de: Intercambios culturales en Estados Unidos
Tucson Samaritanos

Facilitador: Paul Moreno

Estudiante: Martín Gálvez

El viernes 25 de abril de 2014 es un día que tengo presente cómo uno de los más sorprendentes en mi vida. Este día lo recuerdo por la visita a la línea fronteriza de los Estados Unidos de América entre  los estados de Arizona y Sonora, México. El punto al que llegamos se llama Sásabe, Arizona y es un Puerto de entrada a la Unión Americana desde Sásabe, Sonora en México.
Al llegar a este lugar mi primera impresión es ver un muro metálico de aproximadamente seis metros de altura, compuesto de tubos cilíndricos de 25 centímetros de diametro con separaciones de veinte centímetros uno a uno y delimita una parte de la frontera sur entre Estados Unidos de América y México.
El solo hecho de estar frente al muro me provoca una sensación de impotencia por tener que permanecer en terreno norteamericano y saber que frente a mí tengo terreno mexicano que no me está permitido pasar ni siquiera legalmente por la puerta de cruce de inmigración. Los trámites reglamentarios para permanecer estudiando en una universidad Estadounidense me ponen de este lado y aún añorando pisar terreno mexicano me quedo con un sabor de boca que me entristece por sentirme controlado, manipulado y dirigido por un rumbo preestablecido por dos gobiernos nacionales, México y Los Estados Unidos de América.
Cuando miré un mural representativo del puerto de entrada observé el arreo de ganado vacuno cruzando de Sonora para Arizona, aves, vegetación característica del lugar y sorprendentemente no hay ninguna persona en ese mural. Eso me hace pensar que hay discriminación para la población civil, tanto norteamericana cómo mexicana, al establecer un orden para permanecer a cada lado del muro, controlando no solo el flujo de individuos hacia ambos lados de la frontera, sino metafóricamente hablando, regula mis deseos y mi pensar, siento que alguien decide por mi y ahoga mis emociones.
Recorriendo las instalaciones y con la información proporcionada por un oficial, dentro de lo permitido legalmente en el lugar, establezco conjeturas de ver como cada gobierno, norteamericano y mexicano se confabulan para anteponer los tratos comerciales de ambos lados, como situación preponderante. Se puede cruzar la línea fronteriza mostrando identificaciones oficiales personales, previamente otorgadas bajo un estricto control  por cada gobierno, que muestren en tiempo y forma cuándo y por qué puedo realizar el cruce fronterizo, según la situación que se esté dando en cada país.
Recorrer veredas en una zona agreste, desértica, como lo es este lugar denominado “Desierto de Sonora - Arizona” me permite comprobar lo difícil que debe ser para un inmigrante ilegal, realizar un cruce a pie. La zona tiene solo plantas de muy baja altura que muy difícilmente cubren de los rayos del sol con temperaturas arriba de los 40 grados. Solo encuentro agua en dos lugares específicos y son donde el grupo de”Samaritanos of Tucson” coloca garrafones con agua para quienes tengan suerte de encontrarlos. Hay evidencias, que permiten suponer, que personas vacían este vital líquido, para evitar su consumo y dificultar la caminata entre en cruce de entrada a la Unión Americana y las poblaciones cercanas.
Cada vez que recuerdo esta experiencia, mis sentimientos son de tristeza, impotencia y

coraje porque es poco lo que yo puedo hacer para ayudar a personas migrantes. Mi consuelo solo queda en reflexionar sobre mi práctica docente iniciando trabajos de proyectos educativos que informen, orienten y favorezcan la vida de personas indígenas migrantes que visitan el Estado de Sonora para trabajar en temporadas agrícolas y tienen intención de continuar su recorrido a los Estados Unidos. 

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